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Romano Kerr: EL TESTIMONIO DE ABDUL ALAHZRED EL TESTIMONIO DE ABDUL ALAHZRED - Romano Kerr
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jueves, 25 de diciembre de 2014

EL TESTIMONIO DE ABDUL ALAHZRED

EL TESTIMONIO DE ABDUL ALAHZRED

E
ste es el testimonio de todo lo que he visto, y de todo lo que he aprendido, en aquellos años que poseí los Tres Sellos de MASSHU. He visto mil y una lunas, y seguro que es suficiente para la vida de un hombre, aunque se afirma que los Profetas vivieron mucho mas. Estoy debil y  enfermo, y soporto un gran cansancio y agotamiento; un suspiro mora en mi pecho como si fuera una obscura linterna. Soy viejo.

Los lobos transmiten mi nombre en sus conferencias de medianoche, y esa voz sutil y tranquila me llama desde lejos. Y una Voz mucho mas proxima me gritará al oido con impia impaciencia. El peso de mi alma decidrá cual será el lugar de su reposo. Antes de que llegue la hora debo escribir todos los horrores que acechan FUERA y que aguardan ante la puerta de cada hombre, porque este es el arcano antiguo que ha sido legado desde tiempos remotos, pero que fué olvidado por todos, con la excepción de unos pocos, que son los adoradores de los Antiguos (¡que sus nombres sean borrados de la existencia!).
 
Si no completo esta misión, tomad lo que hay aqui y descubrid el resto, por que queda poco tiempo y la humanidad no conoce ni entiende el mal que le espera desde todos los lados, desde cada Portico abierto, desde cada barrera rota, desde cada acólico sin mente que hay ante los altares de la locura. Porque este es el Libro de los Muertos, el Libro de la Tierra Negra que yo he escrito, arriesgando la vida de forma exacta a como lo recibí en los planos de los IGIGI, los crueles espiritus celestiales que existen mas allá de los Peregrinos de los Yermos.
 
Que todos aquellos que lean estos escritos reciban la advertencia de que el habitat de los hombres es observado y vigilado por la Antigua Raza de dioses y demonios que proceden de un tiempo anterior al tiempo, y que buscan venganza por aquella batalla olvidada que tuvo lugar en alguna parte del Cosmos y desgarró los Mundos en los dias anteriores a la creción del hombre, cuando los Dioses Mayores caminaban los espacios, cuando estaba la raza MARDUK, tal como le conocen los Caldeos y ENKI, nuestro Amo, el Señor de los Magos.

Sabed entonces, que yo he recorrido todas las zonas de los Dioses, y tambien los lugares de los Anzonei, y que he descendido a apestosos sitios de Muerte y Sed Eterna, que pueden alcanzarse a traves del Portico de GANZIR, construido en UR en los dias anteriores a Babilonia. Sabed tambien que he hablado con todo tipo de Espiritus y Demonios, cuyos nombres ya no se conocen en las Sociedades del Hombre, o que nunca fueron conocidos. Y los sellos de algunos estan escritos aqui, sin embargo, los de los otros, me los he de llevar conmigo cuando os deje. ¡ Que ANU tenga misericordia de mi alma! He visto las tierras Desconocidas que ningun mapa ha cartografiado jamás.

He vivido en los desiertos y en los yermos, y he hablado con demonios y con las almas de los hombres asesinados, y tambien con las almas de las mujeres que murieron al nacer, victimas de ese demonio femenino, LAMMASHTA. He viajado por debajo de los mares en busca del Palacio de Nuestro Amo, y encontré los monumentos de piedra de civilizaciones derrotadas, descifrando las escrituras de algunas de ellas; otras siguen siendo un misterio para cualquier hombre vivo. Y estas civilizaciones fueron aniquiladas por el conocimiento que contienen estos escritos que os lego. He viajado por las estrellas y he temblado ante los dioses. Por fin he encontrado la formula con la que atravesé el Portico de ARZIR pasando hacia los reinos prohibidos de los asquerosos IGIGI.

He evocado a los demonios y a los muertos. He invocado a los fantasmas de mis antepasados, dandoles una apariencia real y visible en las cimas de los templos construidos para alcanzar las estrellas y tocar las mas bajas cavidades del HADES. He luchado con el Mago Negro, AZAGTHOTH, en vano, y huí a la Tierra invocando a INANNA y a su hermano, MARDUK, Señor del hacha de doble filo. He levantado ejercitos contra las Tierras del Este llamando a las hordas de espiritus malignos a las que obligué a ser mis subditos y al hacerlo encontré a NGAA, el Dios de los paganos, aquel que escupe llamas y ruge como mil truenos.

He encontrado el Miedo. He encontrado el Portico que conduce al Exterior, ante el que los Antiguos, que siempre buscan entrar en nuestro mundo, mantienen una eterna vigilia. He respirado los vapores de aquella Antigua, la reina del Exterior, cuyo nombre esta escrito en el terrible texto MAGAN, el testamento de alguna civilizacion muerta por culpa de sus sacerdotes, que, anhelantes de poder, abrieron  ese terrible y maligno Portico una hora mas de la debida, siendo consumidos. Adquirí este  conocimiento debido a unas circunstancias bastante peculiares, cuando aun era el ignorante hijo de un pastor de lo que los griegos llaman Mesopotamia.
 
Cuando apenas era un joven que viajaba solo por las montañas hacia el Este, que sus habitantes llaman MASSHU, di con una roca gris tallada con tres simbolos extraños. Se erguia tan alta como un hombre y tan ancha como un toro. Se hallaba firmemente emplazada en tierra y no fuí capaz de moverla. Sin pensar mas en las tallas, salvo que podian ser el decreto de un rey que habia marcado alguna antigua victoria sobre un enemigo, encendí un fuego en su base con el fin de protegerme de los lobos que vagan por aquellas regiones y me fui a dormir, ya que era de noche y me encontraba lejos de mi poblado, Bet Durrabia. A tres horas del amanecer, el diecinueve de Shabatu, me despertó el ladrido de un perro, o quizá el aullido de un lobo, extrañamente sonoro y cercano.

El fuego se habia convertido en unas brasas, y los rojos y resplandecientes rescoldos proyectaban una debil y danzante sombra sobre el monumento de piedra con las tres tallas.  Mientras me apresuraba a encender otra hoguera, la roca gris comenzó a elevarse despacio en el aire, como si fuera una paloma. Fui incapaz de moverme o hablar debido al miedo que paralizó mi columna vertebral e inmovilizó mi cerebro con dedos gelidos. El Dik de Azug-bel-ya no me era mas extraño que esta visión, aunque pareció fundirse entre mis manos. De inmediato oi una voz  baja que procedia de cierta distancia, y un miedo distinto al de la posibilidad de que fueran unos  merodeadores se apoderó de mi; temblando, rodé hasta situarme de tras de unos arbustos. Otra voz se unió a la primera y, al rato, varios hombres vestidos con tunicas negras de los ladrones se reunieron en el lugar en donde yo habia estado, rodeando la roca flotante, sin mostrar  ninguna señal de pavor.

Entonces vi con claridad que las tres tallas del monumento brillaban con una centelleante  tonalidad flamigera, como si la roca estuviera ardiendo. Las figuras murmuraban al unisono, una  plegaria de invocacion, de la que apenas se podian distinguir algunas palabras, y estas eran en una lengua desconocida; no obstante ¡ y que ANU se apiade de mi alma!, estos rituales ya no me son desconocidos. Los hombres a los que no podia distinguir o reconocer sus caras, empezaron a apuñalar con frenesí el aire con unos cuchillos que brillaban frios y afilados en la  noche de la montaña.

De debajo de la roca flotante, del mismo suelo donde habia estado emplazada, se alzó la cola de una serpiente. Sin duda era la mas grande de las que yo habia visto. La parte mas delgada tenia  el grosor del brazo de dos hombres, y, a medida que se elevaba de la tierra, la siguió otra,  aunque el fin de la primera no se distinguia y parecia hundirse en el mismo Abismo. Esas extremidades fueron seguidas por otras; el terreno comenzó a sacudirse bajo la presion de  tantas extremidades enormes. El cantico de los sacerdotes, por que ya sabia que eran los  sirvientes de un Poder Oculto, se hizo mucho mas sonoro, casi histerico:

¡IA! ¡IA! ¡ ZI-AZAG ! ¡IA! ¡IA! ¡ ZI-AZKAK! ¡IA! ¡IA! ¡ KUTULU ZI KU! ¡IA!

El lugar donde me ocultaba se humedeció con una sustancia, ya que me encontraba en terreno  descendente al de la escena que contemplaba. Toqué el liquido y descubrí que se trataba de  sangre. Dominado por el horror, lancé un grito y delaté mi presencia a los sacerdotes.

Se volvieron hacia mi y con repugnancia me di cuenta de que se habian cortado el pecho con las dagas que habian empleado para levantar la piedra, todo ello con algun proposito mistico que no pude adivinar; aunque ahora ya se que la sangre es el alimento de esos espiritus, razón por la  cual los campos de guerra, una vez que la batalla ha concluido, brillan con una luz antinatural,  por que alli es donde las manifestaciones de los espiritus se alimentan. ¡ Que ANU nos proteja a  todos !

Mi grito tuvo el efecto de hacer que su ritual se sumiera en el caos y el desorden. Me lancé a la  carrera por el sendero de la montaña por el que habia subido y los sacerdotes emprendieron mi  persecución, aunque me pareció que algunos se quedaban atras, quizá con el fin de completar  los Ritos. Sin embargo mientras descendia freneticamente por las pendientes de la fria noche,  con el corazon galopando en mi pecho y la cabeza desbocada, por detras de mi escuche el  sonido de rocas quebrandose y de truenos que sacudieron el mismo terreno que pisaba.  Aterrado, y por la prisa caí al suelo.

Me incorporé y grité para enfrentarme al atacante que tuviera mas cerca, a pesar de que iba  desarmado. Para mi sorpresa, lo que vi no fué ningun sacerdote de un horror antiguo ni a ningún nigromante del Arte Prohibido, sino las tunicas negras caidas sobre la hierba y los matorrales, sin la presencia de vida o cuerpos en ellas. Con cautela me acerqué a la primera y, recogiendo  una rama, la alce de los matorrales espinosos. Lo unico que quedaba del sacerdote era un  charco de limo parecido al aceite verde; despedia el olor de un cuerpo que se hubiera podrido  bajo el Sol. Ese hedor casi me hizo perder el sentido, pero estaba decidido a encontrar a los  otros y averiguar si les habia acecido la misma fortuna.

Al regresar por la pendiente por la que solo unos momentos antes habia huido con tanto pavor, tope con otro de los obscuros sacerdotes y lo encontré en condiciones identicas al primero.  Seguí andando, y pasé al lado de mas tunicas, aunque ya no me atreví a levantarlas. Entonces,  por fin llegué hasta el monumento de roca gris que se habia alzado de forma antinatural en el  aire ante el comando de los sacerdotes. Ahora habia vuelto a posarse sobre el suelo, pero las  tallas seguian brillando con luz supernatural. Las serpientes, o lo que en aquel momento tomé  como tales, habian desaparecido. Pero en las brasas muertas del fuego, ya frias y negras, habia  una placa de lustroso metal. La recogí y vi que estaba tallada, igual que la piedra, aunque de  forma muy intrincada, de una manera que no fuí capaz de comprender. No exhibia los mismos  trazos que la roca, pero tuve la sensación de que casi podia leer los caracteres, aunque me fué  imposible, como si alguna vez hubiera conocido la lengua y ya la hubiera olvidado. Empezó a  dolerme la cabeza como si un diablo la estuviera aporreando y, entonces, un haz de luz de luna  se posó se posó sobre el amuleto de metal, porque ahora se lo que era, y una voz penetró en mi  mente y con una sola palabra me contó los secretos de la escena de la que habia sido testigo:  KUTULU. En ese instante, como si me lo hubieran susurrado con vehemencia en el oído, lo  comprendí.



Estos son los signos que había tallados en la rodca gris, que era el Pórtico Exterior  Y este es el amuleto que sostenía en la mano y que, mientras  escribo estas palabras, seguí llevando al cuello .


EL MITO DE LA CAVERNA DE PLATON

-D
espués de eso -proseguí - compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor las cabeza. Más arriba y más lejos se halla l luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.
- Me lo imagino.
- Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
-Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.
-Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí?
4-Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas. -¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro del tabique?
-Indudablemente.
-Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven?
-Necesariamente.
-Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿ no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?
- ¡Por Zeus que sí !
- ¿ Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados?
- es de toda necesidad.
- Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz y , al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿ Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora en cambio, está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿ no piensas que se sentiría en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?
- Mucho más verdaderas.
- Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿ no le dolerían los ojos y  Trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?
- Así es.
- Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿ no sufriría acaso y se irritaría  porser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son  losverdaderos ?
- Por cierto, al menos inmediatamente.
- Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.
-Sin duda.
- Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo cómo es en sí y por sí, en su propio ámbito.
-Necesariamente.
-Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.
- Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.
- Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allíde sus entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?
- Por cierto.
-Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estarídeseoso de todo eso y que envidiaría a los más estaría deseoso de todo eso y que envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquellos? ¿ O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y "preferiría ser un labrador que
fuera siervo de un hombre pobre" o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida ?
- Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella
vida.
- Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿ no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?
- Sin duda.
- Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua
competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿ no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿ no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?
- Seguramente. - Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que ha en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mi me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.
- Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.
- Mira también si lo compartes en esto: no hay que asombrarse de que quienes
han llegado allí no estén dispuestos a ocuparse de los asuntos humanos, sino que sus almas aspiran a pasar el tiempo arriba; lo cual es natural, si la alegorídescrita es correcta también en esto.
- Muy natural.
- Tampoco sería extraño que , de contemplar las cosas divinas, pasara a las humanas, se comportase desmañadamente y quedara en ridículo por ver de modo confuso y, no acostumbrado aún en forma suficiente a las tinieblas circundantes, se viera forzado, en los tribunales o en cualquier otra parte, a disputar sobre sombras de justicia o sobre las figurillas de las cuales hay sombras, y a reñir sobre esto del modo en que esto es discutido por quienes jamás han visto la justicia en sí.
- De ninguna manera sería extraño.
- Pero si alguien tiene sentido común , recuerda que los ojos pueden ver confusamente por dos tipos de perturbaciones: uno al trasladarse de la luz a la tiniebla, y otro de la tiniebla a la luz; y al considerar que esto es lo que le sucede al alma, en lugar de reírse irracionalmente cuando la ve perturbada e incapacitada de mirar algo, habrá de examinar cuál de los dos casos es: si es que al salir de una vida luminosa ve confusamente por falta de hábito, o si, viniendo de una mayor ignorancia hacia lo más luminoso, es obnubilada por el
resplandor. Así, en un caso se felicitará de lo que le sucede y de la vida a que accede; mientras en el otro se apiadará, y si se quiere reír de ella, su risa será menos absurda que si se descarga sobre el alma que desciende de la luz. 

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