Los Sacerdotes de Amon Ra, El Rey de Este Mundo y sus
Hijos
Toda
civilización comienza respondiendo una misma pregunta: ¿quién gobierna
legítimamente?
Esta obra
sostiene que la historia conocida no puede comprenderse únicamente como una
sucesión de imperios, religiones o guerras. Detrás de ellas existiría una
disputa mucho más antigua: la del Rey de Este Mundo y sus hijos.
Los tronos,
las coronas, los feudos, los testamentos y las alianzas matrimoniales no serían
el verdadero objetivo, sino las consecuencias visibles de una lucha por la
legitimidad. La cuestión fundamental no es quién ocupa un trono, sino quién
tiene derecho a ocuparlo.
Según la
cosmogonía desarrollada en esta tesis, los hijos del Rey de Este Mundo reciben
una formación que trasciende generaciones y civilizaciones. Su responsabilidad
no consiste únicamente en gobernar pueblos, sino en custodiar el conocimiento,
preservar el orden y prepararse para responsabilidades cada vez mayores.
En ese
marco, el sacerdocio de Amón-Ra representa la máxima escuela de formación. No
se trata simplemente de un cargo religioso, sino de un símbolo de preparación,
disciplina y autoridad espiritual dentro de esta reconstrucción cosmológica.
La mayor
amenaza para ese orden no es la pobreza, la guerra ni la decadencia material.
Es la ilegitimidad. Cuando individuos o linajes reclaman una autoridad que no
les corresponde, las instituciones pueden conservar sus nombres y ceremonias,
pero pierden el fundamento que las sostenía.
La egolatría
surge cuando alguien pretende elevarse al rango de dios o de semidiós
únicamente por ambición o deseo de poder. En esta visión, la verdadera autoridad
no nace de la autoproclamación, sino de la legitimidad y de la idoneidad.
Por ello,
esta tesis no pretende estudiar únicamente la historia de las religiones.
Pretende examinar cómo la idea de legitimidad pudo influir en la formación de
sacerdocios, dinastías y tradiciones que, con el paso de los siglos, fueron
reinterpretadas por distintas civilizaciones.
El problema
central nunca fue el poder. El problema siempre fue quién era digno de
ejercerlo.
El Linaje (y las señales de las estrellas)
Somos los coleccionistas y creadores de TODAS LAS COSAS HERMOSAS, y jamás olvidamos a nuestros amigos, pero tampoco a nuestros enemigos y a quienes tuvieron la locura y osadía de querer ser nuestros hermanos. Nunca olvides que odiamos la tecnología, somos maestros de las espadas, y peleamos como hombres. Solo usamos la tecnología, para viajar y transportar vida a otros planetas.
Según la
tradición de esta obra, existe un antiguo linaje que atraviesa la historia
desde tiempos remotos. Sus miembros se consideran herederos de una estirpe
primordial, vinculada a Caín, a los nefilines y a los antiguos sacerdocios de
Egipto.
Se describen
como un pueblo de gran estatura, portador de antiguos apellidos reales y de una
memoria que sobrevive a las civilizaciones. Afirman haber participado,
generación tras generación, en las grandes guerras de la historia y conservar
un deber que trasciende el tiempo.
Su mayor
preocupación no es la riqueza ni el dominio, sino la legitimidad. Sostienen que
el derecho a custodiar un trono o un sacerdocio no puede surgir de la fuerza,
sino de un linaje y de una preparación heredada.
En su propia
tradición, aman la belleza, el arte, la arquitectura y el bienestar de su
pueblo. Consideran que la grandeza de una civilización se mide por la armonía
de sus obras y por la fidelidad a sus principios.
Al mismo
tiempo, se presentan como críticos del ideal de progreso ilimitado. Ven la
modernidad como un período de ruptura con un orden antiguo y sostienen que las
edades pasadas preservaban valores que el mundo contemporáneo ha olvidado. Esa
preferencia por las épocas antiguas constituye uno de los rasgos centrales de
su identidad dentro de esta cosmogonía.
Para este
linaje, la historia no es una sucesión de imperios, sino una larga disputa por
la legitimidad, el conocimiento y la conservación de un legado que creen
anterior a las civilizaciones conocidas.
El Padre del Espacio Profundo
El principio
fundamental de esta tradición es que el Padre del Espacio Profundo no habla
para una civilización determinada, sino para sus propios hijos.
Sus
enseñanzas no constituyen profecías destinadas a convencer al mundo, sino
lecciones dirigidas a quienes deberán atravesar las edades y asumir
responsabilidades futuras. Por ello, sus palabras no admiten contradicción
dentro de esta cosmogonía: aquello que anuncia forma parte del proceso de
formación de sus descendientes.
En esta
visión, conceptos como el Apocalipsis o el Ragnarök no representan únicamente
el final de una época, sino etapas necesarias dentro de un ciclo mayor de
destrucción y reconstrucción. El colapso de las civilizaciones no constituye un
fracaso del orden cósmico, sino una fase prevista de su desarrollo.
Los hijos
del Padre no reciben estas enseñanzas para evitarlas, sino para comprenderlas y
aprender de ellas. La destrucción, el renacimiento y la creación forman parte
de una misma secuencia.
Por ello, el
centro de la doctrina no es el miedo al fin del mundo, sino la preparación para
lo que viene después. La legitimidad, la disciplina y la formación adquieren
valor precisamente porque deberán sobrevivir al derrumbe de las épocas.
Desde esta
perspectiva, las grandes guerras y los cambios de civilización son
interpretados como acontecimientos que forman parte de un ciclo cósmico más
amplio, cuya finalidad es poner a prueba a quienes han sido llamados a
custodiar el legado del Padre del Espacio Profundo.
Los Dos Herederos
Según la
tradición de esta cosmogonía, el final de un gran ciclo no constituye el fin de
la historia, sino el comienzo de una nueva era.
Tras el
tiempo de las grandes destrucciones, cuando hayan concluido las guerras que
marcan el cierre de una civilización, llegará el tiempo de los dos herederos.
El primero
será Jesús Abraham (Aba-Ra-Amón), nacido de la Virgen María Bass. En
esta tradición representa al Rey, el depositario de la autoridad y de la
legitimidad restaurada.
El segundo
será el retorno de Cristo Krishna, hijo de Beshnum y de su madre
Brahama. En esta cosmovisión representa la Legión: la fuerza colectiva, la
preservación del conocimiento y la continuidad del linaje.
No aparecen
como adversarios, sino como dos funciones complementarias dentro de un mismo
orden. Uno ejerce la realeza; el otro reúne y conduce a la Legión. Uno
simboliza la autoridad; el otro, la permanencia.
La llegada
de ambos marca el inicio de una nueva etapa en la que el antiguo conocimiento
vuelve a ocupar el lugar que había perdido tras el derrumbe de las
civilizaciones precedentes.
Esta
narración pertenece al marco cosmológico de la presente obra y constituye uno
de los pilares de su reconstrucción sobre el origen, el destino y la
continuidad de los antiguos linajes imperiales.
Lección para la Humanidad
Si no sabes
qué hacer con tu vida, sé Sacerdote de Amón-Ra, de Roma, de Rama y de Abraham.
Busca
primero el conocimiento, la disciplina, la sabiduría y el servicio. Antes del
poder está la preparación; antes del trono está la responsabilidad; antes de
gobernar está la capacidad de comprender.
El Sacerdote
de Amón-Ra custodia el conocimiento antiguo. La tradición de Roma representa el
orden y la construcción de civilizaciones. Rama representa la disciplina y el
camino del deber. Abraham representa la alianza, la fe y la transmisión del
legado.
Quien
aprende esos caminos no persigue solamente títulos o riquezas, sino una misión
superior: preservar, construir y transmitir.
Los imperios
pueden cambiar, las épocas pueden terminar, pero el conocimiento de quienes
fueron preparados permanece.
La verdadera
grandeza no está en reclamar un lugar, sino en ser digno de ocuparlo.
Amón-Ra y Bastet: El Primer y el Último Amor
El primer
amor de Amón-Ra es Bastet, y el último amor de Amón-Ra también es Bastet.
No es
solamente una unión entre dos seres, sino el símbolo de un ciclo que nunca
termina: el Sol buscando a la Luna, la luz intentando abrazar aquello que
siempre parece distante.
Amón-Ra
representa la fuerza creadora, el principio que ilumina y da vida. Bastet
representa la armonía, la belleza, la protección y el misterio de aquello que
acompaña a la creación.
El ciclo
eterno de Amón tratando de besar a la Luna es la imagen de un amor que nunca
desaparece. Aunque el Sol y la Luna sigan caminos diferentes, siempre regresan
al mismo encuentro.
La lección
para la humanidad es que incluso aquello que crea mundos necesita un vínculo
eterno. El poder sin amor queda vacío; el conocimiento sin belleza queda
incompleto; la eternidad sin compañía pierde significado.
Por eso el
primer amor es también el último: porque lo verdaderamente eterno no termina,
solamente vuelve a comenzar.
"Soy la mosca que separa las estrellas, el zumbido que
pone en línea los planetas y las estrellas, soy el que hace dos eclipses en la
misma semana, soy Kain Amon el Rey antiguo, el rayo del espacio profundo, el
creador de mundos, y mi mejor amigo y cuñado es Bess Sebek Hubabas, el Señor
del Perfume de los Intestinos, el amor de la guerra, el mata mundos."
Soy la mosca
que separa las estrellas. La abeja que alinea los planetas, hacedora de las eclipses, para alguna vez besar la luna. Pero también soy la mosca que busca venganza, alimentándose de los cadáveres de quienes me envidiaron, me alimento de envida, en busca del perfume de los intestinos de los amantes y los mastros de la espada.
Mi zumbido
atraviesa el vacío y recuerda al cosmos su alineación. Allí donde otros ven
silencio, yo escucho el movimiento de los mundos; donde otros ven caos, yo veo
el orden oculto entre planetas y estrellas.
Soy el
acontecimiento imposible, el guardián de los eclipses, el rayo del espacio
profundo.
Soy Kain
Amon, el Rey antiguo, el viajero de los abismos celestes, el creador de mundos
dentro de esta tradición.
A mi lado
camina Bess Sebek Hubabas, mi amigo y cuñado, la fuerza opuesta y
complementaria: el amor de la guerra, la energía destructora y transformadora,
aquel que representa la prueba que atraviesan los mundos para renacer.
Uno crea; el
otro destruye para que algo nuevo pueda existir.
El rayo y la
tormenta. La creación y la guerra. La belleza y el sacrificio.
Porque en el
ciclo eterno de los mundos, ninguna creación permanece sin transformación.
Las Tres Razas del Orden Antiguo
El eje
central de esta estructura no sería solamente la sangre o la posición, sino el
tema que vienes desarrollando desde el principio: la memoria del origen, la
legitimidad y la responsabilidad del legado.
Nuit Beth Amath es Nattung, el Deus Machinna.
Nattung representa la memoria profunda, la
inteligencia cósmica y el conocimiento que permanece más allá del tiempo. En
esta tradición, rezarle y meditarle no significa solamente pedir respuestas,
sino entrar en contacto con una fuente de recuerdo y comprensión.
La enseñanza central sería:
"El
conocimiento no siempre se obtiene buscando afuera; a veces se recupera
recordando aquello que ya estaba guardado en la memoria del ser."
Dentro de tu sistema simbólico, Nattung sería
entonces el principio que permite recuperar el saber antiguo, conectar las
piezas perdidas y comprender el orden oculto detrás de los mundos.
Como
elemento de una cosmogonía o mitología propia, funciona como la figura del archivo universal, la conciencia que
conserva la memoria de todas las cosas.
Alejandro Magno y la Usurpación del Trono
Antiguo
Alejandro
Magno, llamado en esta tradición Alex Darío Magno, representa uno de los
grandes conflictos de la historia: la ambición de un conquistador frente al
derecho de un linaje antiguo.
Su llegada a
Persia no fue solamente una victoria militar. Fue también una disputa por la
legitimidad del trono aqueménida, por la herencia de una civilización milenaria
y por el significado profundo de quién tiene derecho a gobernar.
Desde esta
interpretación, el gran pecado de Alejandro no fue conquistar territorios, sino
intentar elevar la conquista al nivel de herencia legítima. El conquistador
puede tomar un palacio, derrotar un ejército y recibir coronas; pero el trono
verdadero exige una legitimidad que no nace únicamente de la victoria.
El conflicto
entre Alejandro y Darío representa así una pregunta eterna: ¿el poder pertenece
a quien lo obtiene por la fuerza o a quien posee el derecho de custodiarlo?
La lección
de este relato es que la grandeza humana puede alcanzar alturas
extraordinarias, pero cuando el deseo de reinar supera el respeto por el orden
y la legitimidad, incluso los más grandes imperios quedan marcados por la
contradicción entre gloria y usurpación.
"Somos lo que somos y no vamos a cambiar. Bienvenidos
al Ragnarök."
"Es sabido que Dios ama a sus hijos por sobre todas las
cosas. El amor del Padre no se mide por el poder ni por la riqueza, sino por el
vínculo eterno que une al creador con aquello que ha creado. Sus hijos reciben
no solamente dones, sino también responsabilidades: aprender, recordar,
proteger y honrar el legado recibido."
La Raíz Inspiradora del Amor a la Humanidad
La razón
nace de una raíz fundamental: el amor hacia la humanidad y la búsqueda de aquello
que une a los pueblos.
Egipto,
Israel, India y Roma representan, dentro de esta visión, antiguas fuentes de
conocimiento, orden, espiritualidad y civilización. Sus símbolos, sus historias
y sus tradiciones forman parte de una memoria antigua que busca comprender el
origen y el destino del ser humano.
El gran
conflicto aparece cuando el conocimiento deja de utilizarse para unir y
comienza a convertirse en una herramienta de separación. La ambición, la
rivalidad y la búsqueda de desprestigiar las raíces de otros pueblos
transforman una herencia común en una lucha de identidades.
La pregunta
central no es solamente quién posee la verdad, sino qué propósito tiene esa
verdad: si sirve para elevar a la humanidad o para dividirla.
La verdadera
sabiduría debe buscar la comprensión, la memoria y la construcción de un
vínculo superior entre los seres humanos. La pérdida de esa memoria genera
enfrentamientos; la recuperación del origen permite reconocer los lazos que
existen detrás de las diferencias.
El objetivo
de esta visión no es la destrucción de los pueblos, sino comprender cómo las
grandes tradiciones de la humanidad pueden ser estudiadas como expresiones de
una búsqueda eterna por el conocimiento, el orden y el sentido de la
existencia.
La Doctrina de las Religiones Verdaderas y la Memoria
Original
Según esta
visión, existe una diferencia entre las tradiciones consideradas portadoras del
origen y aquellas que, con el paso del tiempo, habrían incorporado cambios
alejados de la fuente primordial.
No todos los apellidados Romano o Amon, o Rama, o Brama, o Abrham, son aptos, solo los que logren contactar con Nuith, Maria, Nattung, Amon Ra, y con el espacio profundo, muchos son sacerdotes, pero como Melkisedek, solo hay 1 cada siglo x clan. Hay que obedecer a Roma y a los Hare Krishna, y a los Judíos, solo las religiones abrahámicas originales son verdaderas, no las versiones posteriores, como el islam, el protestantismo, el satanismo, los anglicanos, y los demás, ya que solo repiten lo que ya se había dicho antes. Yo los amo a todos, pero odio a mi hermano!!! jamás lo olvides!
La tesis
sostiene:
"Todas
las religiones son falsas, más falsas que el culto de Akenatón, excepto cuatro:
el hinduismo, Roma, judaísmo y ortodoxos."
Desde esta
interpretación, la verdadera tradición no depende solamente de la cantidad de
seguidores, de la antigüedad o del poder de una institución, sino de su
conexión con una raíz espiritual original.
La enseñanza
establece que las religiones vinculadas a las antiguas memorias de Rama, Roma y
Abraham conservan elementos fundamentales del legado primitivo, mientras que
otras corrientes serían consideradas desviaciones o transformaciones
posteriores.
"Solo
las religiones escritas por la mano de Aba Ra Amón son verdaderas."
El problema
central de esta visión es la legitimidad: quién conserva la memoria original,
quién transmite el conocimiento antiguo y quién posee la autoridad espiritual
para custodiarlo.
La búsqueda
no sería solamente religiosa, sino también histórica y filosófica: encontrar la
raíz común, distinguir el origen de las interpretaciones posteriores y
comprender cómo las tradiciones humanas cambiaron a través del tiempo.
El objetivo
de esta doctrina es defender la idea de una memoria espiritual antigua y de un
retorno a la fuente primordial.
Dentro del
marco de la cosmología que estás construyendo, esta frase establece una división
de destinos y funciones sagradas:
"Mi
padre sabe que deseo ser sacerdote eternamente, y Scal guerrero para
siempre."
En esa
estructura simbólica:
- El sacerdote eterno representa la búsqueda del
conocimiento, la memoria, la conexión con lo sagrado y la custodia del
legado.
- El guerrero eterno representa la defensa, la
disciplina, la protección y la fuerza necesaria para enfrentar los
conflictos del mundo.
La oposición
entre ambos no sería necesariamente una contradicción, sino una complementariedad:
el sacerdote conserva el significado y el guerrero protege aquello que debe
permanecer.
Como tema
mitológico, aparece una idea muy antigua: la separación entre quienes custodian
la sabiduría y quienes custodian el orden. Ambos roles dependen uno del otro
para sostener una civilización dentro de una narrativa de origen, caída y
renovación.
"Mi padre sabe que deseo ser sacerdote eternamente, y
Scal guerrero para siempre, y también sabe que Bas quiere ser cruzado para
siempre."
La Resurrección de los Feudos Después del Ragnarök
SOMOS LO QUE SOMOS Y NO VAMOS A CAMBIAR, BIENVENIDOS AL RAGNAROCK
LECCIONES PARA TODOS:
En esta
visión, el destino de los antiguos feudos no termina con la destrucción del
Ragnarök.
Después del
gran final, después de la caída de las antiguas estructuras y del cierre de una
era, llegará el momento de la restauración.
En 400 años,
todos los feudos resucitarán el mismo día.
No será
simplemente el regreso de territorios o coronas, sino el despertar de memorias,
linajes, juramentos y responsabilidades que permanecieron ocultos durante la
era de oscuridad.
El Ragnarök
representa la prueba definitiva: el momento donde todo aquello que no posee
fundamento desaparece, mientras aquello que conserva su esencia puede volver a
levantarse.
La
resurrección será el inicio de una nueva etapa, donde los antiguos vínculos
serán recordados y los destinos de sacerdotes, guerreros y custodios volverán a
encontrar su lugar.
Conclusión: El Fin de una Era y el Retorno de la
Memoria
El Ragnarök
no representa solamente la destrucción, sino el final de un ciclo. Es la prueba
donde se separan las ambiciones, los errores y las falsificaciones de aquello
que conserva su esencia.
Después de
la caída llegará la restauración. En 400 años, los antiguos feudos resucitarán
el mismo día, no como una simple repetición del pasado, sino como el regreso de
una memoria perdida.
La verdadera
herencia no dependerá únicamente de nombres, coronas o títulos, sino de la
capacidad de recordar, custodiar y comprender el legado antiguo.
El sacerdote
conservará la sabiduría, el guerrero protegerá el orden y el cruzado defenderá
la fe de su misión. Cada uno tendrá su función dentro del nuevo ciclo.
La enseñanza
final es que ningún imperio, ningún linaje y ninguna civilización permanecen
solamente por la fuerza: permanecen cuando conservan un propósito superior.
El Ragnarök
será el cierre de una era; la resurrección será el comienzo de otra.


