CÓMO ENCONTRAR AL ELEGIDO ABRÀMICO, CADA SIGLO
El procedimiento del
vidrio negro
Cada
siglo, cuando llega el momento de encontrar al nuevo Elegido, la búsqueda
comienza entre los niños de una comunidad. Se consideran tanto niños como niñas
y, en principio, ninguno queda excluido por su edad, sexo o condición social.
Lo importante es descubrir al que manifiesta la señal.
Amon Ra, el "Elegido" no sería un
gobernante ni un conquistador, sino un niño llamado al sacerdocio, cuya función
es preservar o restaurar el orden sagrado de su civilización.
Suele estar en la familia de Abraham, Roma, Rama, Ramírez, Romanelli, Abramelim, Abramovich, Romanov, Romero, etc. Es más detectable entre 6 a 10 años. Tal vez, haya uno por cada clan, ya que son diferentes fundaciones. Para chicas, suele ser del clan Bes, Basin, Abasi, Bishnu, Bosco, Vascón, Vázquez, Saban, Boss, Bosh, etc.
Para Guerrero Abasi (Bes, Basin, Abasi, Bishnu, Bosco, Vascón, Vázquez, Saban, Boss, Bosh, etc.) : es genero opuestos, o sea que para Guerreros, Abraham es la esposa ideal del Abasi.
El Elegido no aparece por decisión humana, ni por herencia política, ni por riqueza. La comunidad únicamente prepara el rito y observa. El vidrio negro no crea al Elegido: revela una diferencia sutil, que ya existía. Cada siglo, entre todos los niños del clan, uno manifiesta una presencia distinta; su reflejo destaca, parece escapar de la imagen ordinaria y anuncia una vocación sacerdotal. Después vendrá la formación, la disciplina y la misión, que variará según la tradición de Israel, India, Egipto o Roma. El principio permanece inalterable: el sacerdocio no fabrica al Elegido; el Elegido es reconocido antes de convertirse en sacerdote. Debe ser criado en lo religioso y en las altas ciencias, pero se debe de intentar mantenérselo humilde, educado medianamente pedagógico pero que entienda el peligro de su soberbia, porque su soberbia es bastante grande, y puede generar disputas.
El procedimiento se realiza en un lugar de carácter sagrado, asociado al ingreso de la comunidad a la sinagoga, la iglesia, el templo o el espacio sacerdotal correspondiente. Allí se dispone un vidrio enorme, semejante a una gigantesca vidriera o superficie reflectante, colocado delante de un fondo completamente negro. El fondo negro tiene una función esencial: elimina las distracciones y permite observar únicamente la relación entre el cuerpo del niño y su reflejo. Los niños pasan uno por uno frente al vidrio. Cada uno permanece allí durante unos minutos. No se busca que realice ninguna acción extraordinaria ni que intente producir una señal. Simplemente permanece frente al vidrio mientras los observadores contemplan su reflejo. La mayoría de los niños produce un reflejo ordinario. El niño aparece frente al vidrio y su imagen permanece donde debe permanecer: dentro de los límites normales de su reflejo. Pero uno de ellos presenta una diferencia. Su reflejo resulta más notable que el de los demás. La imagen parece adquirir una presencia particular, como si tuviera una intensidad diferente. En el momento decisivo, el reflejo parece incluso separarse de la correspondencia normal con el cuerpo. Esa es la señal. El Elegido no es necesariamente el niño que habla más, (aunque puede ser muy charlatán), el que posee mayor conocimiento religioso ni el que intenta demostrar algo. Es aquel cuya presencia produce la anomalía del vidrio. El procedimiento consiste precisamente en esperar hasta que aparezca esa diferencia. Por eso la prueba recibe el nombre de Prueba del Vidrio Negro: frente al fondo oscuro, todos los niños son iguales hasta que uno de ellos revela que su reflejo no es igual al de los demás. La tradición sostiene además que esta señal debe coincidir con las demás características del candidato. El niño suele manifestar una inclinación hacia el misticismo y el sacerdocio, puede relatar experiencias de comunicación con figuras sagradas como María o Nuit y presenta el fenómeno descrito simbólicamente como un pequeño brillo. Sin embargo, la señal decisiva del procedimiento es visual: el reflejo más notable, aquel que parece abandonar el reflejo común. Una vez encontrado, comienza la segunda etapa de la búsqueda. Encontrar al Elegido no significa todavía conocer su misión, ya que hasta que el rito de Abramelin, o el retiro ritual de hasta 5 años, de su fruto, el mensaje no aparecerá escrito.
Restricción del linaje
La Prueba del Vidrio Negro no se realiza sobre toda la población
humana. Según la tradición descrita en esta tesis, la búsqueda se limita
exclusivamente a los descendientes y ramas reconocidas del Clan Amon Ra.
Por esta razón, el procedimiento no tiene como objetivo elegir a
cualquier niño de una ciudad o de un país. La búsqueda comienza previamente con
la identificación de las familias pertenecientes al linaje. Solamente después
se convoca a los niños y niñas del clan para la observación ritual.
La razón de esta restricción es simple: la prueba no pretende
descubrir quién desea ser sacerdote, sino quién ha nacido para desempeñar esa
función dentro de la continuidad espiritual del Clan Amon Ra.
Una vez reunidos los candidatos, se realiza la Prueba del Vidrio
Negro. Los niños son observados individualmente frente al gran vidrio colocado
sobre un fondo oscuro. La mayoría produce un reflejo ordinario. Sin embargo,
uno de ellos manifiesta una diferencia visible: su reflejo adquiere una
presencia más intensa y parece separarse parcialmente de la imagen común.
Esa anomalía constituye la señal principal de identificación.
Por ello, la tradición sostiene que el Elegido no puede ser
fabricado, designado por votación ni nombrado por autoridad humana. Su
presencia debe manifestarse durante la prueba. Los observadores no crean la
señal; únicamente la reconocen.
Dentro de la tradición del Clan Amon Ra, el Elegido es identificado
por revelación y observación, no por elección.
MOMIFICACIÓN: EL DERECHO A UNA TUMBA PROPIA
INTRODUCCIÓN:
Durante miles de años, las grandes religiones y civilizaciones establecieron cómo debía morir una persona, dónde debía ser enterrada, qué símbolos debían acompañar sus restos y qué debía ocurrir con su memoria después de la muerte. Las tradiciones romana, cristiana, islámica y muchas otras construyeron sistemas funerarios capaces de atravesar generaciones. Sin embargo, pertenecer a una familia, a una civilización o a una tradición histórica no significa necesariamente que todas las generaciones futuras deban aceptar para siempre una misma forma de comprender la muerte, el espíritu y la continuidad del individuo. Puede existir, por lo tanto, una necesidad diferente: la de construir un patrimonio funerario propio, independiente de las instituciones religiosas tradicionales y capaz de permanecer durante siglos. No como negación de las religiones existentes, sino como reconocimiento de que una persona puede desear que su última morada exprese su propia concepción espiritual, filosófica, familiar y cosmológica. La cuestión adquiere todavía mayor importancia cuando pensamos en generaciones sucesivas. Una tumba no pertenece únicamente al momento en que una persona muere. Puede convertirse en una declaración dirigida a hijos, nietos, bisnietos y descendientes que todavía no existen. La decisión funeraria de una generación puede determinar durante siglos cómo será recordado su fundador y qué lugar ocupará dentro de la memoria del clan. Por eso, una tumba concebida de manera independiente puede ser mucho más que un lugar de enterramiento o conservación de cenizas. Puede convertirse en un archivo familiar, una biblioteca, un monumento, una reserva patrimonial, un depósito de memoria y un punto de continuidad espiritual. Puede conservar nombres, genealogías, objetos, escritos, imágenes, información genética y testimonios de una vida, permitiendo que un descendiente de muchas generaciones posteriores pueda reconstruir la historia de quienes estuvieron antes que él. La finalidad no sería crear una nueva religión institucional. Sería algo más sencillo y, al mismo tiempo, más profundo: dejar a las generaciones futuras la posibilidad de decidir por sí mismas cómo relacionarse con sus muertos y con su propia idea del espíritu. Una civilización puede cambiar de religión. Un imperio puede desaparecer. Las fronteras pueden modificarse. Los idiomas pueden transformarse. Los descendientes pueden emigrar, empobrecerse, enriquecerse nuevamente o incluso olvidar durante un tiempo de dónde proceden. Pero una arquitectura funeraria correctamente concebida puede permanecer como testimonio material de una voluntad anterior. Así nace la idea de la Tumba del Espíritu: una obra destinada a preservar la identidad de una persona y su linaje sin obligar a sus descendientes a adoptar necesariamente una tradición funeraria determinada. Una tumba que no dependa de una iglesia, una mezquita ni de cualquier otra institución religiosa para conservar su significado, sino que pueda transmitir directamente la voluntad del fundador a quienes vengan después. La independencia funeraria, en este sentido, no significa aislamiento. Significa disponer de un lugar propio donde memoria, genealogía, patrimonio y espiritualidad puedan continuar existiendo incluso cuando las generaciones futuras hayan elegido caminos diferentes. Las hot graves, o tumbas calientes, son las tumbas de los magnates recién muertos, o algunos grandes famosos, que continuan su espectáculo post mortem , como Jim Morrison, o Freddy Mercury. Estas personas están doblemente preparadas para comprar de manera bi-dimensional, su segunda oportunidad.
Porque quizá la verdadera libertad
espiritual no consista solamente en decidir cómo vivir. También consiste en
poder decidir cómo queremos ser recordados y qué queremos dejar preparado
para quienes vendrán después de nosotros.
LA TUMBA DEL ESPÍRITU
La bóveda
ancestral, la segunda oportunidad y la arquitectura de la continuidad, un lugar donde tu clan, tu apellido, pueda recordar que su familia fue famosa, que existió, que son, fueron, y serán alguien.
Para una persona que considera que posee espíritu y que no desea que su destino funerario quede definido exclusivamente por una tradición religiosa institucional, la tumba puede adquirir un significado completamente diferente. Ya no sería simplemente el lugar donde se deposita un cuerpo después de la muerte, sino una obra destinada a preservar la identidad, la memoria, la genealogía y la continuidad espiritual de una persona y de su clan durante muchas generaciones. La primera condición sería que la tumba estuviera integrada a una propiedad familiar, idealmente una granja o establecimiento rural que pudiera continuar produciendo recursos después de la muerte del fundador. La tierra representa entonces el patrimonio vivo, mientras que la tumba representa el patrimonio permanente. La granja alimenta a los descendientes; la tumba conserva al ancestro. Después de la muerte y de acuerdo con la legislación correspondiente, podría realizarse la cremación y establecerse legalmente el destino de las cenizas. Sobre o junto al lugar autorizado se construiría posteriormente el conjunto monumental. La arquitectura debería ser concebida desde el principio para durar siglos y para que su conservación resulte más atractiva que su demolición.
LA BÓVEDA Debajo de la construcción podría existir una cámara profunda destinada a funcionar simultáneamente como archivo, reserva patrimonial y depósito de objetos familiares. No sería un simple sótano. Sería la memoria material del fundador. En ella podrían conservarse grandes toneles de miel, vinos de guarda y otros productos capaces de almacenarse durante largos períodos; libros; manuscritos; documentos familiares; fotografías; mapas; diarios personales; cartas; obras de arte; herramientas; instrumentos científicos; relojes; objetos personales; colecciones; monedas y piezas numismáticas; joyas; textiles cuidadosamente preservados; objetos relacionados con la profesión u oficio del fundador; recuerdos de viajes; insignias; medallas; trofeos; piezas arqueológicas o históricas cuya posesión sea legal; armas y armaduras contemporáneas, colecciones de armas contemporáneas, discos, cd, casetes, toca discos, estéreos, y otros elementos capaces de explicar quién fue la persona y cómo vivió. También podría existir un archivo tecnológico: computadoras, dispositivos, cámaras, grabaciones, discos, fotografías digitales y copias de seguridad de los archivos familiares, almacenados mediante sistemas de preservación y migración periódica para evitar que el deterioro tecnológico destruya la información.
EL ARCHIVO GENEALÓGICO Una sección especial estaría destinada a la genealogía. Allí podrían conservarse árboles familiares, certificados, fotografías de cada generación, nombres completos, fechas, lugares de nacimiento y muerte, matrimonios, descendencia, profesiones, viajes y acontecimientos importantes. La finalidad sería que un descendiente de dentro de cuatrocientos o quinientos años pudiera entrar en la bóveda y descubrir quiénes fueron sus antepasados sin depender exclusivamente de documentos externos que quizá hayan desaparecido. La tumba tendría entonces una función adicional: convertirse en una cápsula de identidad familiar.
EL ARCHIVO BIOLÓGICO Otra sección podría contener un archivo genético familiar correctamente identificado y preservado mediante métodos técnicamente apropiados. En lugar de limitarse a una tradición simbólica de conservar cabello, sangre o uñas, el concepto moderno permitiría establecer muestras biológicas documentadas para conservar información genética de las generaciones. Las muestras podrían incluir, cuando sea legal y técnicamente viable, cabello con raíz, muestras sanguíneas u otros materiales biológicos apropiados. Cada muestra debería estar identificada con nombre, fecha, procedencia y generación. El objetivo sería extraordinario: que el archivo no conservara solamente la historia escrita del clan, sino también una representación biológica de quienes lo constituyeron. ## LA RESERVA PATRIMONIAL La bóveda también podría contener determinados bienes destinados a funcionar como reserva económica familiar. No necesariamente una fortuna gigantesca, sino recursos que puedan ayudar a mantener el lugar durante períodos de decadencia. Joyas, metales preciosos, monedas, objetos de valor histórico y otros bienes legalmente almacenables podrían constituir una reserva patrimonial. El principio sería que el fundador pudiera dejar recursos destinados específicamente a la conservación de su memoria. Los bienes no deberían convertirse en un incentivo para profanar o destruir la tumba. Por eso la arquitectura, la documentación y las reglas de sucesión deberían estar diseñadas para que el valor principal del conjunto fuese cultural y familiar, no simplemente económico.
LA SEGUNDA OPORTUNIDAD Aquí aparece uno de los principios fundamentales de la tumba ancestral. Una generación puede fracasar. Una familia puede empobrecerse. Un descendiente puede perder la granja. Una guerra, una crisis económica o una migración pueden separar a los miembros del clan. Pero eso no significa que la continuidad tenga que terminar. Puede ocurrir que, después de varias generaciones, aparezca un descendiente que consiga prosperar y descubra nuevamente la tumba de su antepasado. Ese descendiente puede convertirse en el restaurador del patrimonio que sus generaciones anteriores no pudieron mantener. Ésta sería la segunda oportunidad ancestral. El derecho moral a honrar al fundador no debería depender exclusivamente de la riqueza inmediata de sus descendientes. El tatatatataranieto que nació pobre podría no tener ninguna posibilidad de mantener el monumento. Sin embargo, su propio descendiente podría tenerla doscientos años después. Por eso la tumba debe diseñarse para esperar.
LA ARQUITECTURA COMO MECANISMO DE CONSERVACIÓN La construcción exterior podría adoptar una forma piramidal o monumental. En el concepto original, la estructura estaría realizada principalmente mediante grandes piezas de granito, sistemas de unión mecánica y elementos arquitectónicos durables, evitando que su existencia dependa exclusivamente de materiales modernos que puedan deteriorarse o requerir mantenimiento constante. Grandes bloques de granito, columnas, dinteles, frisos y otros elementos pétreos podrían formar una composición monumental. La finalidad no sería solamente resistir físicamente el paso del tiempo. La finalidad sería también producir belleza. Una construcción extraordinariamente hermosa, proporcionada y monumental puede adquirir con el tiempo un valor cultural propio. Incluso si el terreno cambia de propietario, la nueva generación podría considerar la estructura parte del patrimonio del lugar en lugar de verla como una construcción que debe ser demolida. La estrategia sería sencilla: hacerla tan bella que conservarla resulte más valioso que destruirla.
LISTA DE OBJETOS PARA LA BÓVEDA La bóveda ancestral podría contener, según las posibilidades económicas, legales y técnicas: 1. Cenizas o restos del fundador, conforme al régimen funerario aplicable. 2. Árbol genealógico completo. 3. Registro biográfico del fundador. 4. Diarios personales. 5. Cartas y correspondencia. 6. Fotografías impresas. 7. Negativos y soportes fotográficos históricos. 8. Copias digitales de fotografías y documentos. 9. Libros favoritos del fundador. 10. Manuscritos y textos personales. 11. Mapas de la propiedad. 12. Planos de la granja y de la tumba. 13. Escrituras y documentación patrimonial, cuando legalmente corresponda conservarlas allí. 14. Medallas, diplomas y reconocimientos. 15. Relojes y objetos personales. 16. Joyas familiares. 17. Monedas y piezas numismáticas. 18. Objetos relacionados con la profesión del fundador. 19. Herramientas representativas de su vida. 20. Objetos de viajes y expediciones. 21. Obras de arte. 22. Esculturas o pequeñas piezas familiares. 23. Textiles y prendas cuidadosamente conservadas. 24. Recetas familiares. 25. Registros agrícolas y productivos de la granja. 26. Semillas y documentación botánica, cuando sea legal y técnicamente apropiado. 27. Instrumentos científicos. 28. Grabaciones de voz. 29. Películas familiares. 30. Discos y soportes musicales. 31. Computadoras y dispositivos históricos. 32. Copias de seguridad de archivos digitales. 33. Libros electrónicos y archivos documentales. 34. Una biblioteca seleccionada para representar el pensamiento del fundador. 35. Muestras biológicas destinadas al archivo genético, preservadas profesionalmente. 36. Registros médicos o biográficos que la familia decida conservar y cuya conservación sea legal y apropiada. 37. Objetos religiosos o espirituales elegidos personalmente por el fundador, sin obligación de pertenecer a una religión institucional. 38. Símbolos familiares. 39. Insignias, escudos o emblemas del clan. 40. Metales preciosos y otros bienes patrimoniales cuya conservación sea legal. 41. Vinos y otros productos de guarda. 42. Miel almacenada en recipientes apropiados. 43. Objetos culinarios o agrícolas representativos de la vida del fundador. 44. Modelos y miniaturas de vehículos o máquinas importantes para la familia. 45. Documentación de vehículos pertenecientes al fundador. 46. Piezas mecánicas históricas. 47. Colecciones personales. 48. Objetos que expliquen las costumbres de la generación fundadora. 49. Un testamento o declaración de voluntad destinado a los descendientes, cuando corresponda. 50. Una carta dirigida a los descendientes del futuro. 51. Una explicación de por qué fue construida la tumba. 52. Instrucciones para su conservación y restauración. 53. Una copia de la genealogía depositada en distintos soportes. 54. Una inscripción exterior que permita identificar al fundador y su linaje. 55. Un registro de las restauraciones realizadas por cada generación. Los objetos regulados, peligrosos o sujetos a requisitos especiales, como determinadas armas, no deberían incorporarse simplemente por voluntad del fundador: su inclusión real tendría que ajustarse estrictamente a las leyes aplicables. En el plano conceptual, sin embargo, pueden formar parte del inventario histórico de aquello que caracterizó la vida de una persona.
LA CARTA PARA LOS DESCENDIENTES Entre todos los objetos podría existir uno especialmente importante: una carta dirigida a alguien que todavía no ha nacido. El fundador podría escribir: “Si estás leyendo esto, significa que sobrevivimos.” No sería necesario que el descendiente fuese rico, poderoso o famoso. Bastaría con que hubiera llegado hasta allí. La carta podría explicar quién fue el fundador, por qué construyó la tumba, qué esperaba de sus descendientes y qué cosas consideraba dignas de conservar. Así, la tumba no hablaría solamente con el pasado. Hablaría con el futuro.
LA TUMBA COMO RESERVA DE CONTINUIDAD La
verdadera reserva no estaría constituida únicamente por dinero, joyas, vino,
miel o bienes materiales. Estaría constituida por la combinación de: TIERRA
+ MEMORIA + GENEALOGÍA + ADN + OBJETOS + CONOCIMIENTO + PATRIMONIO +
ARQUITECTURA. La riqueza de una generación puede desaparecer. Una familia puede
atravesar siglos de pobreza y volver a prosperar. Una propiedad puede cambiar
de manos. Un apellido puede transformarse. Una civilización puede entrar en
decadencia y posteriormente recuperarse. Pero una tumba construida para esperar
puede permanecer. Por eso, dentro de esta concepción, la tumba no representa
simplemente el final de una vida. Representa una posibilidad dejada abierta
para los que todavía no existen. NINGÚN ANCESTRO DEBERÍA SER OLVIDADO PORQUE
SU DESCENDIENTE NACIÓ POBRE. Y la función de la arquitectura sería
precisamente concederle al futuro una oportunidad de regresar. La tumba espera.
El clan puede desaparecer durante generaciones. La memoria puede quedar
enterrada. Pero la segunda oportunidad permanece.

